• ¿Recibió usted el Espíritu Santo al Creer?

    26-12-2008 | Rev. Jaerock Lee

    • Capítulo 9
      ¿Recibió usted el Espíritu Santo al Creer?


      1. ¿Recibió usted el Espíritu Santo al Creer?
      En Hechos 19:1-2, cuando el apóstol Pablo se reunió con algunos discípulos en Éfeso, él les preguntó: “¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo.” Ellos habían recibido el bautismo en agua con Juan el Bautista, pero no al Espíritu Santo como un don al aceptar a Jesucristo en sus corazones.

      De manera que el apóstol Pablo predicó acerca de Jesucristo, ellos escucharon, y fueron bautizados en Su nombre. El apóstol Pablo impuso sus manos sobre ellos, y el Espíritu Santo descendió sobre cada uno y hablaron en lenguas y profetizaron (Hechos 19:4-7).

      Dios dijo: “… derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas\; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones” (Joel 2:28). Aquello se cumplió, y en la actualidad, quienes han recibido al Espíritu Santo se reúnen y forman iglesias. Pero hay muchos que asisten a la iglesia y dicen que creen en Dios sin siquiera conocer lo que es el Espíritu Santo ni lo que es el Bautismo en el Espíritu Santo.

      El Espíritu Santo es el don de Dios concedido a aquellos quienes han ganado el derecho de llegar a ser Sus hijos al aceptar a Jesús. Así que, si no conocemos lo que es el Espíritu Santo, ¿cómo podemos decir que somos hijos de Dios? En la actualidad, solamente al recibir el bautismo del Espíritu Santo, y si Él permanece en nuestro corazón, podemos ser llamados hijos de Dios.

      Por lo tanto, 2 Corintios 1:21-22 dice: “Y Dios es el que a nosotros y a ustedes nos ha afirmado al unirnos a Cristo, y nos ha consagrado. Nos ha marcado con su sello, y ha puesto en nuestro corazón el Espíritu Santo como garantía de lo que vamos a recibir” (Versión Dios Habla Hoy). Y en 1 Corintios 12:13 dice: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres\; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.”


      2. ¿Cómo podemos recibir al Espíritu Santo?
      Hechos 2:38-39 dice: “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados\; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos\; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” Es decir, cualquiera que confiese que es un pecador y crea en Jesús como su Salvador, será perdonado y recibirá el Espíritu Santo como un don.

      Asimismo, Lucas 11:13 dice: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? En la Biblia, cuando para los judíos era ilícito tener compañerismo o interactuar con los gentiles, el apóstol Pedro fue a la casa de Cornelio, quien era un gentil que temía a Dios, y predicó acerca de Jesucristo.
      Entonces, el Espíritu Santo descendió sobre Cornelio y sobre aquellos que anhelaban escuchar la Palabra de Dios (Hechos 10:1-46). Esto muestra que Dios no se fija en la apariencia del hombre, sino que concede el Espíritu Santo a aquellos que le temen y que creen en Él como su Padre.

      El Espíritu Santo es el don de Dios concedido a los corazones de aquellos que reconocen su condición de pecadores, aceptan a Jesucristo, y reciben el perdón de sus pecados al creer en Su nombre. Si nosotros entendemos este hecho, de seguro habremos recibido al Espíritu Santo cuando llegamos a creer.


      3. La Evidencia Luego de Recibir al Espíritu Santo
      Entre las personas que asisten a la iglesia y que profesan creer en Dios, existen muchas personas quienes no saben si han recibido o no al Espíritu Santo.

      Por lo tanto, consideremos las evidencias que caracterizan a los hijos de Dios quienes lo han recibido. Debemos examinar nuestra fe y tener la seguridad de que somos hijos de Dios quienes han recibido al Espíritu Santo.



      (a) Guardamos la Palabra de Dios
      Antes de recibir al Espíritu Santo, no era posible amar a Dios porque no teníamos paz con Él debido a nuestro pecado. Pero una vez que recibimos al Espíritu Santo, llegamos a amar a Dios.

      1 Juan 5:3 dice: “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos\; y sus mandamientos no son gravosos.”

      Aquellos que han recibido al Espíritu Santo llegan a ser agradecidos del amor y la gracia de Dios quien les ha perdonado, de manera que llegan a amar mucho a Dios. Asimismo, debido a que sus espíritus muertos recibieron vida, llegan a comunicarse con Dios y a conocer Su voluntad. Llegan a conocer que los mandamientos de Dios fueron dados a Sus hijos con Su amor.

      Antes de nacer de nuevo mediante el agua y el Espíritu Santo, es difícil comprender la Biblia y las Palabras de Dios debido a que leemos las Escrituras y escuchamos las Palabras de Dios con nuestro razonamiento humano. Pero una vez que recibimos al Espíritu Santo, podemos escuchar y leer la Palabra con inspiración del Espíritu Santo, de manera que entendemos la voluntad de Dios y la mantenemos en la mente espiritual.

      Es por esto que los hijos de Dios quienes han recibido al Espíritu Santo tratan de guardar los mandamientos de Dios quien es el camino, la verdad y la vida, y quien nos guía hacia el camino de vida eterna.



      (b) Deseamos obedecer la Palabra de Dios con gozo.
      Dios demuestra Su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8). Si comprendemos este amor de Dios, no vamos a desear más que amarlo y obedecer Su Palabra.

      Aquellos quienes han llegado a ser hijos de Dios al recibir al Espíritu Santo, van a anhelar obedecer Su Palabra debido a su agradecimiento por el amor de Dios que los redimió de todo pecado. Nosotros llegamos a ser más agradecidos de Dios a la medida en que llegamos a entenderlo\; y obedeceremos Su Palabra con gozo a la medida en que seamos agradecidos en nuestro corazón.

      Dios acepta esta obediencia con agrado y nos ama. Entre aquellos que han recibido al Espíritu Santo, también existen personas con una fe muy débil. Ellos están dispuestos a obedecer la Palabra de Dios, pero debido a sus propios pensamientos y teorías, no pueden obedecer con sus acciones. Aún en estos casos, Dios está complacido con su disposición para obedecer Su Palabra. Estas personas deben madurar en lo espiritual mediante la oración a fin de que puedan obedecer en verdad.


      (c) Deseamos vivir vidas transparentes
      1 Juan 5:18 dice: “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca.”

      Si hemos nacido de nuevo al recibir al Espíritu Santo, este mora en nuestro corazón, de modo que llegamos a aborrecer el pecado y la maldad e intentamos permanecer en lo correcto y en la Luz. De esta manera llegamos a reflejar la pureza del Señor y Dios nos protege del diablo enemigo para que no nos toque ni nos haga caer en el pecado.

      Entonces, ¿qué es el pecado?

      1 Juan 3:4 dice lo siguiente: “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley\; pues el pecado es infracción de la ley.” De la manera en la que nos convertimos en personas corruptas si infringimos las leyes de un país, existen leyes similares en Dios quien es espíritu. Esta es la ley del Reino espiritual, la inalterable Palabra de Dios, la Verdad. Si quebrantamos la Palabra de Dios escrita en la Biblia, estamos cometiendo actos ilegítimos, y por ende, estamos pecando\; como consecuencia de esto, Dios no puede protegernos.

      Los pecados se dividen generalmente en deseos y obras de la carne. En Romanos 13:14 está escrito: “…sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.”
      Los deseos de la carne constituyen los atributos del pecado que emergen como acciones, tales como la envidia, los celos, el odio, y la mente adúltera que aún no ha producido una acción. Al poner estos deseos en acción surgen las obras de la carne.

      Es por esto que Gálatas 5:19:21 dice: “manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas\; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.”

      Cuando obramos de este modo, llegamos a ser corruptos y pecadores. Dios no solamente considera como pecado las obras manifiestas de la carne, sino también los deseos de la carne que están en nuestro corazón\; Él nos pide entonces que nos despojemos de toda maldad (1 Tesalonicenses 5:22).

      Antes de nacer de nuevo mediante el Espíritu Santo, no recibimos su dirección, por eso seguimos los deseos de la carne que producen frutos de pecado y de maldad\; no obstante, si hemos nacido de nuevo, seguiremos el anhelo del Espíritu Santo, de manera que al cometer algún pecado escucharemos Su gemir y procuraremos regirnos a la verdad y vivir vidas santas y transparentes.


      (d) Empezamos a amar profundamente a nuestros hermanos en la fe.
      En 1 Juan 4:20-21 leemos lo siguiente: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.”

      Si hemos nacido de nuevo mediante el Espíritu, sabremos que aquellos que han nacido de Dios son nuestros hermanos y los amaremos debido a nuestro amor a Dios, a nuestro amor y servicio a la iglesia, la cual es el Cuerpo de Cristo, a los pastores y a nuestros hermanos en la fe.


      (e) Vencemos al mundo con fe
      “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo\; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.” (1 Juan 5:4)

      Una vez que hemos recibido al Espíritu Santo, ganando el derecho a ser llamados hijos de Dios, y dando un nuevo nacimiento a lo espiritual, llegamos a obtener fe espiritual así como la esperanza del cielo y seguimos la voluntad de Dios sin comprometernos con el mundo que nos conduce a cometer pecados y actos corruptos.

      Esto simboliza el acto de poner la verdad en práctica, centrando nuestra fe en Jesucristo, quien ha vencido al mundo, e incluye la evidencia que sigue a aquellos que han recibido al Espíritu Santo.


      (f) Llegamos a adquirir seguridad de salvación
      Si creemos que Jesucristo es el hijo de Dios, entonces tenemos al Testigo en nosotros (1 Juan 5:6, 5:10), y esto constituye la evidencia de que hemos recibido al Espíritu Santo.

      Nosotros guardamos la Palabra de Dios, comiendo así de su cuerpo y bebiendo de su sangre, con el fin de adquirir fe, esperanza, y seguridad acerca del Reino de los Cielos. De esta manera podemos obtener la certeza de salvación tras la evidencia de que el Señor está con nosotros.

      Por un lado, a pesar de haber sido un creyente por mucho tiempo, puede darse que usted no tenga seguridad de su salvación si no ha recibido al Espíritu Santo. Pero por otro lado, aún un nuevo creyente puede llegar a tener seguridad de su salvación una vez que su corazón haya sido sellado con el Espíritu Santo.


      (g) Obtenemos la convicción de que nuestras oraciones son contestadas
      1 Juan 5:15 nos dice: “Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.”

      Una vez que llegamos a ser hijos de Dios al recibir al Espíritu Santo, tendremos la certeza de que Dios es nuestro Padre, de modo que le pediremos cualquier cosa naturalmente y creeremos que Él nos responderá.

      El Espíritu Santo nos ayuda a darnos cuenta de que Dios nos responderá solamente si amamos a nuestros hermanos, si guardamos los mandamientos, y si nos acercamos a Dios con seguridad de nuestra salvación.


      (h) Dios llega a ser nuestra prioridad principal
      Cuando reconocemos la voluntad de Dios quien nos ama al punto de haber entregado a Su hijo unigénito por nosotros, hacemos de Él nuestra prioridad principal y seguimos Su voluntad. Significa que si somos mentirosos, vamos a dejar de decir mentiras\; si odiamos a otras personas, vamos a empezar a amarlos\; si no hemos sido pacificadores, vamos a cambiar para serlo. Hemos salido de la oscuridad a la luz para seguir el camino de verdad en el cual Dios se deleita.

      Nuestras vidas se transforman a la manera que le agrada a Dios y esta es la mejor evidencia de que hemos recibido al Espíritu Santo.


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