• LAS SIETE ÚLTIMAS PALABRAS DE JESÚS EN LA CRUZ (3)

    [Juan 19:28-30, Lucas 23:46]

    17-11-2007 | Rev. Jaerock Lee

    • EL MENSAJE DE LA CRUZ 17

      LAS SIETE ÚLTIMAS PALABRAS DE JESÚS EN LA CRUZ (3)

      La Escritura:
      Juan 19:28-30
      28. “Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed.”
      29. “Y estaba allí una vasija llena de vinagre\; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca.”
      30. “Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.”

      Lucas 23:46 “Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.”


      Amados Hermanos en Cristo:
      Hoy en día podemos oír muchas noticias devastadoras que acontecen alrededor del mundo. Especialmente, grandes accidentes en los cuales numerosas personas pierden la vida. Algunas veces, las victimas de estos accidentes llegan a enviar mensajes o hablar por última vez con sus familiares a través de teléfonos celulares\; y algunas de estas conversaciones son transmitidas por lo medios de comunicación.
      En la mayoría de los casos, las últimas palabras que dicen en los momentos finales de sus vidas son “Siento mucho no haber sido lo que esperabas” o declaran su amor.
      Esta última declaración de amor tiene un poder tan grande que queda grabada profundamente en el corazón de uno.
      Nuestro Señor Jesús también nos dejó un mensaje de amor en Sus últimos momentos. Estas son las 7 últimas palabras que pronunció en la cruz.
      El rostro, la cabeza y todo el cuerpo de Jesús estaban cubiertos de sangre, y clavado en la cruz en Sus manos y pies, padeció por 6 horas de un penosísimo dolor.
      En medio de este intenso dolor, Él dejó -hasta el último momento de Su vida- cada palabra como Su última voluntad para darnos vida.
      Espero que todos puedan grabar en su corazón tanto el dolor que Jesús soportó por nosotros como las palabras que nos dejó aun en medio de ese inmenso dolor.
      Oro en el nombre del Señor para que las últimas palabras de Jesús se activen en su corazón y lleguen a ser una señal que guié sus vidas.

      Amados Hermanos en Cristo:
      Encontramos la quinta palabra en Juan 19:28-29 “Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese:
      Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre\; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca.”

      Si uno sangra demasiado, tendrá mucha sed. En este caso, Jesús estuvo clavado en la cruz por un buen rato y bajo el sol abrasador y ardiente del clima seco de Israel. Se desangró por un buen tiempo, y también se deshidrató, por lo que Su sed se volvió cada vez peor. Sin embargo, al decir Jesús, “Tengo sed”, no se estaba refiriendo a Su sed física o natural.
      Esta palabra también tiene un significado espiritual. Jesús está pidiéndonos a nosotros, los creyentes, que calmemos Su sed al resarcir el precio de Su sangre. ¿Cómo podemos, entonces, retribuir, el precio de la sangre de Jesús? La razón por la que Jesús derramó Su sangre fue para redimir a todos los pecadores.
      Por lo tanto, recuperar el precio de la sangre de Jesús es salvar a las almas que están yendo al infierno. Es predicar el evangelio más esforzada, comprometida y diligentemente, es hacer que mas personas acepten al Señor y guiarlos con fe al reino de los cielos.
      Además de predicar directamente el evangelio, orar por la salvación de las almas y dar ofrendas para la obra misionera, son también formas indirectas para salvar almas. La razón por la que Jesús dijo, “Tengo sed” es para exhortarnos a salvar más almas.

      Amados Hermanos en Cristo:
      En el momento en que Jesús dijo, “Tengo sed”, alguien tomó una esponja, la remojó en vinagre y la puso en un hisopo y se la dio a beber a Jesús. La esponja absorbe líquido, así que este hombre le alcanzó la esponja totalmente remojada en vinagre para que Jesús pudiera beber de ella.
      Pero la razón por la que Jesús tomó de la esponja no era para calmar Su sed. Él sólo lo hizo para que se cumpliera el designio espiritual de beber vinagre profetizado en el Antiguo Testamento.
      La profecía en Salmo 69:21 que dice, “Me pusieron además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre.”, se cumplió totalmente.
      Luego, ¿Cuál es el significado espiritual de “beber vinagre”? Esto simboliza que, al tomar Jesús el vinagre, Él nos da la posibilidad de beber el “vino nuevo”. El vinagre\; esto es, el vino viejo se refiere a la Ley del Antiguo Testamento\; y el vino nuevo a la Ley del amor que es perfeccionada a través de Jesús.
      De acuerdo a la Ley del Antiguo Testamento, los pecadores tenían que ser castigados y para que fueran perdonados de sus pecados, tenían que ofrecer sacrificios de sangre de animales. Cada vez que pecaban, tenían que matar un animal y ofrecer su sangre como sacrificio.
      Pero Jesús llegó a ser el sacrifico expiatorio y nos redimió de todas las maldiciones de la ley al morir en la cruz. Es decir, Él tomó el vinagre por nosotros.
      Si en lo profundo de nuestro corazón creemos esto\; y nos arrepentimos de nuestros pecados, podemos ser perdonados de estos pecados por medio de esa fe. Esto es beber el vino nuevo. Jesús recibió el vinagre y lo tocó con Su boca para que nosotros pudiéramos entender este hecho.

      Amados Hermanos en Cristo:
      La sexta de estas últimas 7 palabras la encontramos en Juan 19:30. Y dice, “Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.”
      “Consumado es” significa que Jesús ya había completado totalmente la providencia de la salvación del hombre y que había cumplido la Ley con amor.
      ¿Qué significa haber cumplido la Ley con amor? De acuerdo a la Ley, la paga del pecado es muerte, por eso todos los pecadores tenían que recibir el castigo por sus pecados e ir al infierno. Además, para que el pueblo de Dios pudiera recibir el perdón de sus pecados, tenían que ofrecer cada vez sacrificios de sangre al matar un cordero o un becerro.
      Pero Jesús nos redimió de todas las maldiciones de la Ley al morir en la cruz. Hebreos 7:27 cita, “Que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo\; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose s sí mismo.”
      Toda esta redención fue hecha con tanto amor que ni siquiera lo podemos imaginar. El precioso Hijo de Dios vino a esta tierra y tomó la forma de un humilde ser humano, predicó el evangelio del reino de los cielos y sanó todo tipo de dolencias y enfermedades.
      Él tenía la autoridad para castigar a todos los malvados, pero como alguien indefenso, fue azotado, llevó la corona de espinas\; y fue clavado en Sus manos y pies por los impíos. A través de este inmenso amor y de este sacrifico de amor, la autoridad del diablo y de Satanás fue destruida y ahora podemos alcanzar la vida eterna por medio de la fe y entrar al reino de los cielos.
      Entonces, ¿Qué debemos hacer ahora? Nuestro Señor Jesús completó la providencia de Dios y se convirtió en Rey de reyes y Señor de señores, por eso tenemos que cumplir la voluntad y el propósito de Dios para nosotros. ¿Cuál es, entonces, la voluntad de Dios para nosotros? Es nuestra total y completa santificación y fidelidad.
      Tenemos que lograr alcanzar las nueve características del fruto del Espíritu Santo, el amor espiritual y las Bienaventuranzas\; y salvar a la mayor cantidad de almas como el Señor nos encomendó para llegar a ser Sus testigos hasta los confines de la tierra. Si de esta forma llegamos a cumplir con la voluntad de Dios, podremos morar cerca del Trono de Dios en la Nueva Jerusalén, exactamente como nuestro Señor está sentado a la diestra del Trono de Dios.
      No seremos simplemente salvos como el criminal que no recibió ninguna recompensa en el cielo, sino que podremos estar cerca al Trono de Dios y verlo cara a cara.
      Espero que todos ustedes puedan finalizar su preparación, estar listos como la novia del Señor y cumplir con todos sus deberes antes que Él regrese. Los animó en el nombre del Señor para que puedan declarar, “He cumplido con todo,” cuando se reúnan con el Señor.

      La sétima y última palabra la encontramos en Lucas 23:46. Y dice, “Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.” En la Cuarta de estas últimas 7 palabras, Jesús no llamó a Dios “Padre” sino sólo “Dios”.
      Esto fue porque Jesús estaba siendo crucificado en lugar de los pecadores\; y fue también para que nos diéramos cuenta que Dios había abandonado completamente a Jesús por nosotros. Pero ahora, porque Jesús había completado toda la providencia de la salvación, estaba llamando de nuevo a Dios “Padre”. Y aquí, se dice, “clamando a gran voz.” Como ya lo explique antes, esto fue porque las últimas palabras de Jesús tenían que ser oídas por toda la gente. Además, otra razón por la que clamó en voz alta, es porque la voluntad de Dios es que clamemos en oración.
      Jeremías 33:3 cita, “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.” En muchos pasajes tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, Dios nos dice que debemos clamar en voz alta al orar.
      Todos los discípulos clamaban en voz alta cuando oraban. Cuando el ciego Bartimeo supo que Jesús pasaba por allí, clamó a gran voz. Incluso cuando las personas que lo rodeaban le decían que se callara, él más bien clamó más fuertemente. Y al final recibió la respuesta.
      Hechos 7:59 nos describe la escena donde Esteban estaba siendo apedreado hasta morir como un mártir mientras predicaba el evangelio. Y dice, Y apedreaban a Esteban mientras él invocaba (al Señor) y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu.” Podemos apreciar que él estaba clamando a gran voz en oración aun en el momento en que estaba siendo apedreado.
      En Juan 11:43, cuando Jesús resucita a Lázaro, “Clamó a gran voz: Lázaro, ven fuera.” Hacía 4 días que Lázaro había muerto y ya hedía, pero nuestro Señor aún así clamó a gran voz.
      Por cierto, Jesús no tenía que clamar a gran voz. La gente estaba tan cerca de Él, que podían escucharlo muy bien aún si hablaba en voz baja. Nuestro Señor también obedecía la palabra de Dios. Él clamó a gran voz, “Lázaro, ven fuera.”
      Si aún no pueden clamar en voz alta cuando oran, o tan sólo alzan la voz un poquito pero en realidad no claman a gran voz al orar\; es porque aún no pueden echar fuera ese orgullo y obedecer la Palabra para agradar a Dios.
      Aun si gozan de fama, autoridad, o riquezas en el mundo, todo eso es parte de este mundo. Es una gran bendición obedecer la Palabra de Dios. Es la manera de andar en el Espíritu. Deben derrumbar ese orgullo y esa estructura mental y clamar a Dios a gran voz en oración de acuerdo a Su Palabra.
      No estoy diciendo que deben gritar, pero sería muy bueno que levantaran su voz para que los ángeles de Dios puedan oírlos muy bien. Ya les he explicado por qué deben clamar en voz alta cuando oran. Nuestro Dios y Padre mira nuestros corazones pero hay ángeles que registran sus oraciones y las llevan a Dios en los cielos\; y ellos no pueden entenderlos bien si están orando en silencio.
      Dios lo sabe todo, pero no todos los ángeles sabrán sus oraciones. Podrán escucharlos sólo cuando clamen en voz alta. Sin embargo, algunas veces, hay ocasiones cuando tienen que orar en silencio. Por ejemplo, pueden estar en un ómnibus o en un restaurante o en un lugar público.
      Aun en lugares en donde puedo distraer a otras personas, cuando oro, lo hago en voz alta como para que al menos las personas que están a mi derecha o junto a mí, me puedan oír. No a gran voz, para no estorbar a los otros, pero con un volumen moderado como para que se me pueda escuchar claramente.
      Pudiera parecer que hubiese sido igual si Jesús ordenaba a Lázaro a gran voz o no, pero cuando Jesús ordenó a Lázaro, fue también una especie de oración ante Dios, por eso Jesús clamó en voz alta como cuando oraba, obedeciendo la palabra de Dios.
      También, cuando Jesús oró en Getsemaní, oró tan intensamente con todas Sus fuerzas que Su sudor era como gotas de sangre.
      Los médicos dicen que si uno se esfuerza al máximo, los vasos capilares pueden reventar y la sangre saldrá como sudor, y así la transpiración parecerá gotas de sangre.
      Esto no puede suceder si tan sólo ora en silencio. En especial, las noches en Israel son bastante frías.
      Debido a que Jesús clamó tanto incluso llegó a transpirar\; y oró con tanto afán y devoción que Su sudor era como gotas de sangre que caían a tierra.
      Por supuesto, hay algunas ocasiones en las que tenemos que orar en silencio, pero cuando oramos normalmente, debemos orar con todo nuestro corazón.
      Jesús, aun en la cruz, estaba orando a gran voz, para decirnos claramente la voluntad de Dios y para que vivamos de acuerdo a la voluntad del Mismo Dios.
      La siguiente palabra: Jesús encomendó Su espíritu en las manos de Dios diciendo, “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” En el momento en que Jesús muere en la cruz, su vida física o natural terminó, pero su espíritu no se extinguió.
      Nuestro Padre Dios recibe el espíritu. El hombre no se compone sólo del cuerpo visible. Se compone de espíritu, alma y cuerpo. El cuerpo es sólo el caparazón que contiene el espíritu y el alma. Aun cuando el cuerpo muera y desaparezca, el espíritu es eterno y nunca se extingue.
      Ya les he explicado sobre el espíritu, el alma y el cuerpo en más de 40 sesiones. Permítanme tan sólo decirles brevemente esto. Dios formó el cuerpo de Adán del polvo de la tierra y le sopló en su nariz el aliento de vida. Entonces, la semilla de vida, es decir el espíritu de Adán fue creado. Dios llenó del conocimiento del espíritu, que es la verdad, en el espíritu de Adán\; y el corazón de Adán fue la semilla de vida rodeada por el conocimiento de la verdad.
      Es por eso que a Adán se le llama espíritu viviente. No era necesario usar un término como “corazón”, porque el corazón mismo era el espíritu. Alma es el término general para el sistema de memoria en el cerebro, con todos sus contenidos\; y el empleo y el uso de todos los recuerdos.
      En el principio, el espíritu de Adán gobernaba y controlaba su alma y su cuerpo. Y como su espíritu estaba lleno de la verdad, el alma controlada por el espíritu, tenía sólo pensamientos veraces\; y el cuerpo controlado por el espíritu sólo accionaba y se conducía de acuerdo a la verdad. Pero luego que Adán comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal y pecara, su espíritu murió.
      El espíritu muerto significa que su comunicación con Dios se ha interrumpido, por lo que ese espíritu ya no está más activo. Y puesto que esa comunicación se ha detenido, no puede recibir más el conocimiento verdadero. Decimos que está muerto cuando ya no puede comunicarse más con Dios.
      Por eso, la Biblia dice que los Gentiles, quienes no habían recibido el Espíritu Santo de Dios, están muertos, a pesar que respiran y viven. Están vivos en sus cuerpos físicos, pero en realidad están muertos.
      Cuando el espíritu, que es el que gobierna y controla al hombre, murió y ya no estaba activo, el alma tomó el lugar de dominio del hombre y comenzó a controlar al cuerpo. Y el alma recibió y asimiló el pensamiento falso por incitación de Satanás. En la medida en que la mentira y la falsedad fueron llenando el corazón, la verdad que había sido implantada por Dios comenzó a desaparecer.
      La mansedumbre fue reemplazada por el enojo. El beneficio de los demás desapareció y el provecho propio llenó el corazón. La integridad y la veracidad salieron y la falsedad y la astucia tomaron su lugar. En vez de la humildad y el servir a los demás, el orgullo y la arrogancia fueron plantados.
      Todas las características del corazón que provenían de Dios comenzaron a desaparecer una a una\; y en su lugar, la mentira entró en el hombre. La mentira penetró en el hombre\; y eso significó que la verdad empezó a desaparecer.
      No es que la verdad haya desaparecido primero y que luego la mentira entró, sino que al entrar la mentira, la verdad empezó a desaparecer. De igual modo, cuando el conocimiento falso rodea la semilla de vida y la vuelve inactiva, decimos que el espíritu está muerto.
      Pero, aun cuando el espíritu esté muerto e inactivo, no se llega a extinguir. Como el espíritu del hombre contiene el aliento de vida del Dios eterno, no puede extinguirse. A pesar que el cuerpo envejezca y muera, el espíritu existirá por siempre. ¿Qué pasará, entonces, con el alma cuando el cuerpo muere?
      Únicamente cuando tenemos cerebro, podemos recordar algo y pensar a través de las células cerebrales. En los animales que no tienen espíritu, cuando su sistema de memoria en el cerebro desaparece luego que el cuerpo perece, sus almas vuelven a la nada al igual que el cuerpo. Pero en el caso del hombre es diferente. Como el hombre tiene espíritu, cuando realiza alguna función o acciona parte de su alma, está acción es transmitida al corazón y allí es grabada. Así, lo que está en el alma no desaparece sino que es registrado en el espíritu. Por eso, el alma permanece para siempre combinada con el espíritu.
      Cuando Jesús dijo, “En tus manos encomiendo mi espíritu,” el espíritu aquí se refiere al espíritu con el alma unida. En el momento en que las personas oyen el evangelio y aceptan a Jesucristo, reciben el Espíritu Santo. Entonces, su espíritu muerto vuelve a vivir.
      ¿Por qué el espíritu muerto revive por el Espíritu Santo? El Espíritu Santo toca la semilla de vida en su interior para que oiga el evangelio. Si lo oye, la Palabra se volverá su fe\; y el Espíritu Santo le ayudará a ponerla en práctica. Sin embargo, el Espíritu Santo sólo podrá fortalecerlo si ora.
      Podrá recibir la llenura del Espíritu Santo y conseguir las fuerzas necesarias para vencer la mentira con la verdad. De esta forma, la oración le dará la fortaleza para vencer con la verdad.
      El Espíritu Santo revive una y otra vez, para que así la semilla de vida que ha estado adormecida pueda volver a nacer. Aceptarán más y más la verdad\; y como accionan y viven de acuerdo a la verdad, empiezan a echar fuera la mentira y la falsedad. Entonces, la verdad se hará más y más fuerte en su interior.
      Y comenzarán a comunicarse con Dios otra vez y recibirán la verdad de Él. Mientras más se llene su corazón de la verdad, podrán echar fuera la mentira. Y si su corazón está lleno de la verdad, tendrán pensamientos ciertos y verdaderos y actuarán con honradez y lealtad.
      Si llegan a caminar en el espíritu, todo lo que vean, oigan, o hablen será todo veraz y correcto. Todo lo verán de acuerdo a la verdad, oirán sólo conforme a la verdad\; y hablarán únicamente la verdad.
      De esa forma, si nuestro espíritu vuelve a nacer y nuestro corazón está lleno solamente con la verdad, podemos decir que nuestra alma es prospera.
      Es decir\; como nuestro espíritu esta vivo y activo, nuestra alma obedecerá al espíritu. Y si queremos cualquier cosa en nuestro corazón, se hará conforme a nuestro deseo. Y es porque lo que deseamos en nuestro corazón será verdadero, bueno y bondadoso. Si nuestro espíritu quiere cualquier cosa, nuestra alma sólo obedecerá. Así es la persona que ha llegado a caminar en el espíritu.
      3 Juan 2 dice, “Amado,” Dice, “Amado”\; y ya sabe que si dice “Amado” es una palabra de bendición. Y continúa, “…yo deseo que seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.” Repito, “Así como prospera tu alma”\; esto es, en la medida en que su corazón esté lleno de la verdad, será prosperado en todas las cosas y tendrá salud.
      Juan 3:5 cita, “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de los cielos.” Como dije, los que nacen de nuevo por el agua y el Espíritu, es decir\; aquellos cuyo espíritu ha vuelto a nacer, mueren en este mundo, su espíritu, junto con su alma unidos, irán al reino de los cielos.
      Pero aquellos cuyo espíritu no ha vuelto a nacer y no han alcanzado la verdad en su corazón no pueden ir al cielo. El infierno es el lugar donde irán estas almas. Los que mueren después de haber vivido en el pecado serán echados al fuego eterno del infierno junto con el diablo.
      La gente del mundo, aun cuando no conocen detalladamente estas cosas, instintivamente temen a la muerte. Tratan de vivir lo más que pueden y en el momento de la muerte, se ponen tensos de temor y ni siquiera pueden cerrar los ojos.
      Si han visto morir a varias personas, saben que los que viven en la maldad son sobrecogidos por un gran temor en el momento de la muerte, abriendo desmesuradamente sus ojos. Sin embargo, los que tiene la seguridad de la salvación no tienen temor a la muerte. Si temen morir, eso quiere decir que no están seguros de su salvación o que están en una situación en la que le es muy difícil ser salvo.
      2 Corintios 5:8 dice, “Pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor.” Podemos ver que el apóstol Pablo más bien deseaba finalizar esta vida rápidamente e ir junto al Señor. En el momento de su muerte, los que tiene fe confiesan como Jesús, “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” De hecho, los que tienen fe mueren en paz en sus últimos momentos.
      Ellos ya tienen fe y esperanza\; y en sus últimos instantes, sus ojos espirituales serán abiertos y verán ángeles que vendrán a llevarlos y también verán las luces del reino de los cielos.
      Ya saben antes de morir que hay un cielo y un infierno. Por eso, al observar los últimos momentos de vida del hombre, podemos ver que la Biblia es verdadera y que ciertamente hay un cielo y un infierno.

      Estimados Hermanos en Cristo:
      Jesús oró encomendando Su espíritu en las manos de Dios. Esto confirma que obedeció y cumplió todo de acuerdo a la providencia de Dios. Es Dios quien controla la vida, la muerte, la dicha y la desgracia en la historia de la humanidad.
      La venida de Jesús a esta tierra, Su crucifixión y Su resurrección no fueron hechas por la voluntad de Jesús ni planeadas por Él.
      Juan 4:34 cita, “Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, (Es decir, la voluntad de Dios Padre) y que acabe su obra.” Como dije, Jesús sólo obedeció la voluntad y la providencia de Dios el Padre. Dios inició y terminó todo\; y tomó también el espíritu de Jesús. Por eso, cuando oramos por algo, lo hacemos en el nombre de Jesucristo, pero el que nos responde es Dios.
      Dado que el unigénito Hijo de Dios, Jesús, derramó Su sangre para perdonarnos de nuestros pecados y ser el sacrificio expiatorio por nosotros, Dios dice que nos responderá sólo si oramos en el nombre de Jesucristo. Por tanto, únicamente recibiremos respuesta cuando oramos en el nombre de Jesucristo.
      Y oramos en el nombre de Jesucristo porque Él nos redimió de nuestros pecados y llegó a ser el mediador ante Dios por los pecadores. Pero el que responde a las oraciones y que gobierna y rige sobre la vida y la muerte, la dicha y el infortunio de los seres humanos es Dios el Padre.
      Mateo 10:29-31 dice, “¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que no temáis\; más valéis vosotros que muchos pajarillos.”
      Si realmente entendieran el significado espiritual de este versículo y lo grabarán en sus mentes, podrían encomendar todo en las manos de
      Dios.
      Sucede lo mismo con los que están enfermos. ¿Por qué están enfermos o tiene problemas de salud?\; ¿Por qué algunas veces reciben respuesta a sus oraciones y otras no?
      Si Dios no lo permite, ni siquiera un pajarito caería por tierra y Dios aun sabe el número de nuestros cabellos. Si verdaderamente tiene fe para confiar en Dios, no hay razón alguna para que estén enfermos o para que no reciban respuesta a sus oraciones.
      Y no sólo se trata de las enfermedades. Es lo mismo con las bendiciones en sus negocios y trabajos o cuando sirven en la obra de Dios. Jesús, teniendo la misma naturaleza de Dios, sólo obedeció la voluntad del Padre y le encomendó todo a Él. De la misma forma, los animo a que sólo confíen en Dios y no en ningún método humano ni en otras personas. Cuando usan los métodos humanos, sólo podrán alcanzar logros y metas dentro de los límites de la capacidad del hombre, pero cuando confían para todo en Dios\; podrán darle gloria a Él y llevar a cabo grandemente el reino de los cielos yendo más allá de los límites del hombre. Los ánimo a que encomienden todo en las manos de Dios, sea que vivan o mueran.
      Ahora bien\; tal vez puedan hacerse una pregunta. Se ha dicho que el espíritu y el alma irán ambas juntas y unidas al reino celestial\; y que el alma de los animales se extingue. Sabemos, además, que los que no son salvos tienen su espíritu muerto. Por tanto, si mueren ahora mismo, ¿Cómo podría el alma sola ir al infierno?
      ¿Acaso no desaparecería? No, no llegaría a desaparecer. Esta alma estará insertada en el cuerpo espiritual e irá al infierno. El cuerpo espiritual es aquel que contiene el espíritu y el alma. Por tanto, en su cuerpo físico, ¿Dónde podemos hallar su cuerpo espiritual?\; ¿Dónde está su espíritu?
      ¿Está en su pecho o en su corazón, o en sus pensamientos? El cuerpo espiritual está en todo su cuerpo. Su cuerpo espiritual tiene la misma forma que su cuerpo físico. Por eso, cuando el espíritu de uno sale, verá el cuerpo espiritual que sale tal como es su cuerpo.
      Los que tienen ojos espirituales abiertos pueden verlo. El espíritu y el alma están incluidos en el cuerpo espiritual, y para los que van al infierno, sólo el alma estará en el cuerpo espiritual porque el espíritu está muerto. En suma, los que van al infierno sólo tendrán alma y los que van al cielo tendrán alma y espíritu en su cuerpo espiritual.
      Cuando ambos, el espíritu y el alma, van juntos\; el alma forma parte del espíritu. Sólo la parte del alma que es inherente al espíritu será parte del espíritu. La porción del alma que es carnal no podrá formar parte del espíritu.
      Por eso, aun cuando yo no tengo una buena memoria, no me preocupo porque la parte de mi alma que pertenece al espíritu está unida con el espíritu. Por supuesto, para algunas cosas naturales me puedo sentir un poco incómodo.
      No me acuerdo el nombre de las personas o algunas fechas o números de teléfonos. Pero como no vivo pendiente de las cosas carnales sino del espíritu, no me preocupo de nada. Además, para las cosas que son necesarias tengo mis ayudantes y secretarios, por eso no me preocupo. Y no tengo ningún tipo de afán en el espíritu porque en mi espíritu está mi alma que forma parte del espíritu. Por eso puedo recordar cosas del alma que son parte del espíritu aun cuando hayan pasado hace 23 años.
      Algunos hermanos me dicen, “Reverendo, usted nos dice que no tiene buena memoria pero recuerda las cosas muy bien. ¿Cómo puede recordar tan claramente hechos que sucedieron hace tanto tiempo? Es porque tengo mi alma que es parte del espíritu. Puedo recordar ciertas cosas cuando es necesario. No tengo que intentar recordar algo. Es tan sólo que viene a mi corazón.
      Y puedo acordarme aún mejor que la misma persona que experimentó el hecho. ¿Por qué? Cuando Dios me lo muestra, lo hace como si viera una visión muy clara y exacta, como si estuviera viendo una película. Por eso, cuando el Señor y Esteban dijeron, “espíritu” el alma que era parte del espíritu estaba contenida en este espíritu.
      Obviamente nuestro Señor no tenía ni una porción de su alma que fuera carnal, por lo que Su alma formaba parte completamente del espíritu. Es lo mismo con Esteban. Como él fue totalmente santificado y no tenía ninguna forma de maldad, su alma íntegra era parte de su espíritu. ¿Pero que sucede si es salvo por fe pero no anda aún en el espíritu y todavía continua en la carne?\; ¿Qué sucede con su alma?
      Esa parte de su alma permanecerá en este mundo y se extinguirá. Entonces, ¿Qué irá al cielo? Sólo la porción de su alma que forme parte del espíritu subirá al cielo. Como ha estado viviendo en la verdad, habrá logrado alcanzar algo en el espíritu. Por lo tanto, sólo aquello que haya completado en el espíritu irá al cielo, únicamente las cosas que son del espíritu. Por eso, en el cielo, ¿Podrá haber mentira y falsedad? Claro que no. ¿Podrá haber odio? No podrá haber odio. ¿Habrá adulterio? No, no lo habrá. ¿Por qué? Es porque la parte del alma que es carnal no irá al cielo, y así ni siquiera recordará esas cosas una vez que haya entrado al reino celestial. Sólo se acordará de las cosas que son del espíritu. Por eso todo será hermoso y no habrá ninguna maldad.
      ¿Podrá acaso haber celos, envidia u odio en el cielo? Aun cuando no haya caminado completamente en el espíritu, la porción carnal de su alma desaparecerá y sólo la parte que sea del espíritu se unirá con el espíritu e irá al cielo. Es por eso que en el reino de los cielos hay diferentes niveles.
      ¿Por qué? Los que han alcanzado un espíritu completo vivirán juntos. Los que han logrado crecer poco en el espíritu vivirán en el Paraíso, en el Primer Reino o en el Segundo Reino del cielo.
      En la medida en que alcancen andar en el espíritu, su luz tendrá un mayor resplandor. Por eso, si logra caminar más en el espíritu, su luz será más brillante y otros no podrán ni siquiera verlo directamente. Cuando miran al hombre espiritual con ojos espirituales, no pueden mirarlo de frente.
      Por tanto, cuando sean invitados al Tercer cielo o a la Nueva Jerusalén, los ángeles lo vestirán con ropas apropiadas muy resplandecientes.
      Pero los que van al infierno, sólo su alma irá porque no han alcanzado el espíritu. E incluso esa alma es sólo el alma carnal. Por eso, cuando estos van al infierno, manifestarán eternamente toda su maldad interna. Así, en el infierno, incluso entre esposos y entre padres e hijos, se culparán el uno al otro. La esposa le dirá al esposo, “Por tu culpa no fui salva y estoy aquí en el infierno\; y por ti estoy sufriendo. No dejaste que fuera a la Iglesia. Hiciste que no creyera en Jesús y por eso vine al infierno.”
      También, el esposo le dirá, “Si hubieras sido más amable conmigo y me hubieras predicado el evangelio, hubiera ido al cielo. Pero por tu culpa vine al infierno.” Se culparan el uno al otro y también se pelearán. Y lo harán por siempre. ¿Por qué? Porque no tienen nada de bondad ni de espíritu.
      Ustedes podrán entender mejor todas estas cosas si leen los libros “Cielo I”, “Cielo II” e “Infierno”. Cómo el alma y el espíritu van juntos y qué pasa con los pensamientos terrenales. Todo lo que es carnal será borrado.
      Nuestro Dios y Padre tampoco recordará esas cosas. Por eso, como sólo hay bondad ahí, será algo extraordinariamente bueno y bello.
      Por ejemplo, en el reino celestial, no tendrá pensamientos como, “Esa persona me odió y me calumnió en la tierra y está aquí.” No tendrá ningún pensamiento de maldad ni de mentira.
      Sólo tendrá amor. Todas las palabras que salgan de su boca serán bondadosas y de amor. ¡Qué lugar tan dichoso y feliz será el reino de los cielos ya que no habrá ninguna maldad allí!

      Termino el mensaje. Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo:
      Hasta hoy les he predicado sobre las 7 últimas palabras de Jesús en la cruz.

      La Quinta palabra es “Tengo sed.”
      Este es el ferviente ruego de Jesús pidiéndonos recuperar el precio de Su sangre la cual es derramada por lo pecadores que están yendo al infierno. Dios desea a través de esta palabra que prediquemos el evangelio y que salvemos numerosas almas.

      La sexta palabra es “Consumado es.”
      Esto quiere decir que Jesús obedeció completamente la voluntad de Dios y cumplió toda Su providencia. A igual que Jesús, nosotros debemos santificarnos y ser fieles al reino de Dios para llevar a cabo toda la voluntad de Dios para nosotros.

      La última y séptima palabra es “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu.”
      Esto declara que es Dios quien gobierna sobre la vida y la muerte, la dicha y la desgracia de la humanidad y de la historia del ser humano.

      Nos dice que Dios es quien planeó la providencia de la salvación del ser humano y la completó. Podemos también dar gloria a Dios\; y la providencia de Dios será realizada a través de nosotros cuando confiemos en Dios totalmente y en todo.
      2 Timoteo 4:8 dice, “Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día, y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.”
      Espero que puedan entender el corazón de Jesús clamando a gran voz aun en medio de ese tremendo dolor y cumplir totalmente con la voluntad de Dios, para que así puedan declarar que están anhelando la venida del Señor.

      Oro en el nombre del Señor para que así puedan recibir la gloriosa corona de justicia juntamente con todos los que aman Su regreso.

      AMEN


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