• La cruz - Viernes Santo 2016

    [Gálatas 3:13]

    25-03-2016 | Rev. Jaerock Lee

    • Escritura

      Gálatas 3:13
      Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición




      Amados hermanos y hermanas en Cristo:

      Esta ha sido la Semana Santa.

      Este día en particular representa el día en el que Jesús sufrió en la cruz.

      Yo creo que ustedes tienen grabado en lo profundo del corazón el gran amor del Señor quien lo dio todo por nosotros, aun Su propia vida.

      Para esta noche, Dios nos ha dado el mensaje titulado «La cruz».

      Espero que a través de este mensaje ustedes comprendan y establezcan el correcto significado de la cruz.

      Además anhelo que puedan sentir el corazón del Padre inmerso en la cruz.

      Ruego en el nombre del Señor que ustedes se conviertan en los hijos verdaderos de Dios que entienden Su voluntad y viven de acuerdo a ella.

      Amados hermanos y hermanas en Cristo:

      Primero: la cruz representa la «maldición».

      Gálatas 3:13 dice: «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)».

      Este versículo cita un pasaje de Deuteronomio 21:22-23 que dice:

      «Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da por heredad».

      De acuerdo a la ley del Antiguo Testamento, un hombre podía ser apedreado hasta la muerte luego de cometer pecado digno de muerte, y su cuerpo podía ser colgado en un madero.

      No obstante, la crucifixión que se practicaba en aquellos tiempos no consistía en colgar un cadáver en un madero.

      Al delincuente se le daba muerte al clavarlo en la cruz estando vivo.

      En el año 73 a.C., los gladiadores de Roma se levantaron en protesta.

      En los días del imperio romano, un gladiador era un hombre que debía luchar contra otro hombre o animales salvajes.

      Para ganarse la aceptación de la gente, los gobernantes supremos de la época obligaban a prisioneros de guerra, esclavos o convictos a pelear como gladiadores.

      Estos luchadores se levantaron en protesta.

      El número de rebeldes alcanzó casi los cien mil, y pelearon contra el ejército romano por dos años.

      Esta rebelión fue sofocada por el ejército de Craso en el 71 a.C.

      La mayoría de los gladiadores murieron y cerca de seis mil fueron llevados cautivos. Todos fueron crucificados.

      Fueron colgados a ambos lados de la calle más importante de Roma.

      Cerca de seis mil cruces se levantaron a ambos lados de la calle a lo largo de aproximadamente 50 kilómetros.

      Como pueden notar, la crucifixión fue un terrible castigo para un delincuente que cometía un crimen imperdonable.

      Nuestro Jesús fue crucificado en la cruz de ese modo.

      ¿Por qué?

      Para recibir la maldición al ponerse en lugar de los pecadores que estaban bajo la maldición de la ley.

      En este caso la «maldición de la ley» significa la «maldición de la ley espiritual»; es decir, «la paga del pecado es la muerte» escrita en Romanos 6:23.

      De acuerdo a la ley espiritual, un pecador está bajo la ley, que es la «muerte».

      Y todos los seres humanos somos pecadores.

      Dado que, como descendientes de Adán nacemos con el pecado original y cometemos pecados.

      Si alguien trata de liberar a estos seres humanos «pecadores» de esta maldición de la ley, debe pagar el precio de la maldición por sí mismo.

      Por esto, Dios el Padre permitió que Jesús fuera colgado en el madero que simboliza la maldición.

      Los judíos tenían solo una pena de muerte: el apedreamiento.

      Pero para levantar la maldición de la ley, Jesús tuvo que ser colgado en un madero.

      Por ende, Dios causó que el gobernador de Roma dictara la sentencia de muerte de Jesús, y permitió que muriera por esa sentencia.

      Dios el Padre sabía todo esto de antemano, por eso proveyó un «símbolo» de anuncio en el desierto después del Éxodo.

      Al final del tiempo de la vida en el desierto cuando los israelitas se quejaron contra Dios y Moisés, aparecieron las serpientes ardientes.

      Muchos fueron mordidos por ellas y murieron.

      Cuando Moisés oró, Dios le dijo: «Hazte una serpiente de bronce, y ponla sobre una asta».

      Dios añadió: «Y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá».

      Respecto a esto, Jesús dijo en Juan 3:14-15: «Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo aquel que cree, tenga en El vida eterna».

      Jesús inmaculado asumió el pecado de los pecadores y fue colgado en la cruz, tal como una serpiente de broncesobre una asta.

      Por cierto, ¿por qué puso Dios una «serpiente» sobre una asta?

      La serpiente simboliza al enemigo diablo y Satanás.

      Al tomar la cruz, Jesús venció la autoridad del enemigo diablo y Satanás.

      Dado que el enemigo diablo y Satanás mató a Jesús siendo libre de pecado, quebrantó la ley y por eso Jesús resucitó de la muerte.

      Por lo tanto, mirar a Jesús en la cruz equivale a mirar con fe para ver la muerte de la autoridad del enemigo diablo y Satanás.

      Al final, por fe la gente obtiene la vida eterna.

      Aunque Jesús fue colgado en la cruz, lo que es un símbolo de la maldición, cuando lo vemos a través de la fe podemos recibir el don de la vida eterna.

      Para aquellos de nosotros que creemos en el Señor, la cruz ya no es un símbolo de «maldición», sino de «bendición».

      Amados hermanos y hermanas en Cristo:

      Segundo: la cruz conlleva el significado del «sacrificio».

      Jesús se convirtió en el sacrificio expiatorio para redimirnos de nuestros pecados.

      Con respecto a esto, Hebreos 9:12 dice: «Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención».

      Sin el derramamiento de sangre no hay perdón de pecados. Mientras Jesús se entregaba para redimirnos de nuestros pecados, Él sangró.

      Para liberarnos (a quienes solíamos ser esclavos del pecado) y hacernos hijos de Dios, Él pago el inmenso precio del sacrificio.

      La cantidad que Jesús pagó en sacrificio es demasiado grande; un simple humano no la puede siquiera imaginar.

      Para ayudarles a comprender este gran sacrificio aun un poco, permítanme explicarles la crucifixión con detalle.

      El primer paso fueron los azotes.

      El látigo que usaron para este paso fue diferentes a los comunes.

      Este látigo usado en el imperio romano estaba hecho de varios hilos de cuero tejidos.

      En los extremos contenían bolas metálicas, huesos puntiagudos y fragmentos de hierro que sobresalían.

      Los soldados despojaban de sus vestidos a los delincuentes, les ataban ambas manos y los azotaban en los hombros, la espalda, la cadera, las piernas y las manos.

      Los soldados tomaban turnos para hacer esto.

      Golpeaban al delincuente en todo su cuerpo con el látigo con huesos puntiagudos y fragmentos de metal adheridos en sus extremos.

      Es doloroso recibir un azote con un látigo normal. El látigo usado por estos soldados causaba un dolor inimaginable.

      No solo dejaba grandes moretones y llagas en el cuerpo.

      Una vez que golpeaba, además de los moretones, la carne era rasgada y hasta arrancada del cuerpo.

      Una vez que el músculo es desgarrado del hueso, la carne queda colgada.

      Eusebio, un historiador del año 3 d.C., escribió que «las venas y arterias más profundas, las partes más internas del cuerpo, tanto sus entrañas como sus órganos, quedaban expuestos».

      Debido al sangrado excesivo, la presión sanguínea descendía y el delincuente llegaba a un estado de choque hipovolémico.

      Dado que el cuerpo pierde mucha sangre, necesita líquido, por eso el criminal siente demasiada sed.

      En esta condición, el criminal pasaba al segundo paso de la crucifixión.

      Es decir, debía llevar la viga de madera al lugar de ejecución.

      Una cruz común medía dos metros y pesaba 40 kilogramos.

      Cargarla no era fácil ni siquiera para un hombre normal.

      ¡Cuán pesado y difícil era llevar la cruz para un hombre que desmayaba, cuyo cuerpo estaba destrozado tras los azotes!

      Cuando Jesús cargó Su cruz hasta el Gólgota, Él cayó tres veces.

      A medida que caminan por la Vía Dolorosa pasarán por esos tres lugares donde cayó Jesús.

      También verán el lugar donde los soldados romanos hicieron que Simón de Cirene ayudara a cargar la cruz.

      A medida que el delincuente llegaba al lugar de ejecución, comenzaba el paso final: la crucifixión.

      Este consistía en clavar y colgar al criminal en la cruz hasta que moría.

      Mientras el criminal colgaba de la cruz hasta su muerte, tenía que sufrir un terrible dolor por muchas horas.

      Debido a que el dolor era tan fuerte, la crucifixión recibía el distintivo de «máxima pena de muerte permitida por la ley».

      Las manos y pies del delincuente eran clavadas para así sujetarlo a la cruz.

      Los clavos era grandes; de aproximadamente 13 a 18 centímetros (7-9 pulgadas) de largo.

      Si se lo clavaba de las manos solamente, era posible que sus manos se partieran y que el cuerpo cayera de la cruz por el peso.

      Es por eso que no clavaban las manos, sino justo encima de la muñeca.

      Esta es la parte del cuerpo donde se encuentran las centrales nerviosas; al clavar sobre ellas se destruyen los nervios.

      Aquellos que han recibido tratamientos en sus nervios en la clínica dental deben haber sentido el dolor del impacto sobre los nervios.

      Si las centrales nerviosas se destruyen sin anestesia, el dolor es inimaginable.

      Los pies se sobreponen uno al otro, y se clavaban en el centro entre el segundo y el tercer huesos.

      Los nervios también se destruían por completo.

      Una vez que el delincuente era sujetado a la cruz, la levantaban.

      Desde ese momento comenzaba un nivel de dolor totalmente distinto.

      Al colgar de la cruz con las manos y los pies clavados, los brazos se estiraban y sus cuerpos se separaban.

      Ambos hombros se dislocaban.

      Por el peso del cuerpo ambos brazos y los hombros eran presionados hacia abajo, y eso dificultaba la respiración.

      No había oxígeno suficiente.

      Luego la sangre recibía demasiado dióxido de carbono y el corazón comenzaba a latir de forma irregular.

      Las investigaciones modernas dicen que las víctimas de la crucifixión sufrían cerca de mil desmayos en la cruz.

      Al final el delincuente moría poco a poco.

      La crucifixión era el castigo que causaba el dolor más grande a las víctimas.

      Una vez que esta crueldad se tornó controversial, fue abolida por Constantino El Grande del imperio romano.

      Nuestro Jesús fue quien sufrió esa crucifixión.

      Debemos grabar en nuestro corazón cuán inmenso fue Su sacrificio por nosotros.

      Amados hermanos y hermanas en Cristo:

      Tercero: la cruz significa «amor».

      1 Juan 4:10 dice: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados».

      Dios el Padre sabía de antemano cuán terrible sería el dolor que debía sufrir Jesús.

      Había solo una razón por la que permitió que Jesús fuera colgado en la cruz.

      Es Su amor por ustedes y por mí.

      Esta era la única manera de salvar a los pecadores.

      Era la forma que el enemigo diablo y Satanás jamás imaginaría.

      Con ese amor sacrificial que trasciende la justicia, Jesús abrió el camino de salvación para los seres humanos.

      Cada vez que miremos la cruz, debemos recordar este amor.

      Debemos recordar el hecho de que Dios nos ama al punto de entregar a Su Hijo unigénito Jesús a la cruz.

      Los que sienten y comprenden este amor con su corazón vivirán sus vidas por una razón distinta.

      El apóstol Pablo confesó en Gálatas 2:20: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí».

      Como pueden ver, los que entendieron el amor de la cruz vivieron por fe, siguiendo la voluntad del Señor.

      Los discípulos del Señor predicaron el evangelio sin tener temor de la muerte tras haber entendido Su amor.

      En la segunda parte de este servicio ustedes lo descubrirán en las escenas de la presentación.

      A través de este mensaje y de la presentación, anhelo que toda la congregación pueda llenar su corazón con el amor de Dios el Padre contenido en la cruz.

      Agradezco a los miembros del Comité de Artes Escénicas y al personal por esta presentación.

      Amados hermanos y hermanas en Cristo:

      Esta noche he explicado los tres significados de la cruz.

      Primero: la cruz simboliza la maldición que fue transformada en bendición gracias a Jesús.

      Segundo: la cruz significa sacrificio.

      Tercero: la cruz significa amor.

      Anhelo que ustedes comprendan bien estos significados de la cruz y que guarden en lo profundo del corazón el gran amor de Dios el Padre demostrado en la cruz.

      Que amen al Señor y que sean amados por Él todavía más. Ruego en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

      ¡Amén!


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